1.400 kilómetros a través de los Alpes Dináricos
🌍 El punto donde todo converge
Finalmente habíamos llegado a Sežana, Eslovenia.
El lugar donde comenzaría oficialmente la TransBalkan Race, una travesía de 1.400 kilómetros y 27.000 metros de desnivel, cruzando territorios eslovenos, croatas, bosnios y montenegrinos, a través de parques naturales legendarios como Risnjak, Velebit, Paklenica, Dinara, Sutjeska, Peručica y Durmitor.
Ese punto de partida no era solo geográfico.
Era el lugar donde meses de planificación, sueños y expectativas finalmente se alineaban.
✉️ El correo que lo cambió todo
aceptado para participar en la TransBalkan Race.
En ese instante entendí que este viaje no sería solo una carrera: sería un hito en mi camino como atleta, explorador y ser humano.
Hoy, al escribir estas palabras, esa emoción no solo sigue intacta: se ha multiplicado.
🇮🇹 De Italia a los Balcanes: el estado mental perfecto
Venía de recorrer 700 kilómetros por el norte de Italia junto a André, flotando en una felicidad casi irreal.
Ese viaje previo fue el portal perfecto para llegar a Sežana con el corazón abierto y la mente lista para enfrentarme a mí mismo.
Estar allí, rodeado de los mejores atletas de Europa, me llenó de nervios… y de orgullo.
Orgullo de representar lo que somos como latinos, como hijos de la Cordillera de los Andes, en una de las carreras más exigentes del continente.
🤝 Nombres, rostros y encuentros
Bea, Luka, Lois, Eric, Christopher, Andi, Alex, Susana, Tyler, Geona, Hannes…
Y muchos más que se cruzaron en el camino.
Personas con las que compartí instantes breves, pero intensos.
Momentos que alimentan el espíritu y te recuerdan que la aventura también se construye desde la gratitud y la conexión humana.
🚦Día 1 – El cuerpo al límite, la mente despierta
Viernes 30 de mayo, 9:00 a.m.
La carrera comenzaba.
Las primeras cinco horas fueron full gas.
Logramos mantenernos con el grupo delantero y abrir un hueco importante.
Desde temprano entendí un factor clave: el abastecimiento sería crítico.
Pocos puntos para repostar comida e hidratación significaban estrategia y autocontrol.
En el kilómetro 200, un descenso rápido, exceso de confianza… y el suelo.
Una caída violenta.
Nuevos tatuajes en la piel para recordar esta carrera toda la vida.
La primera gran lección apareció clara:
👉 adaptarse o abandonar.
🩹 Dolor, estrellas y seguir
Conmocionado, raspado, adolorido… me detuve.
Respiré.
Revisé la bici: golpeada, torcida, pero funcional.
Igual que yo.
Esa noche completamos 250 km y 6.500 m de desnivel.
Dormí tirado en un parqueadero, mirando las estrellas, acompañado por el dolor y la certeza de que aún quedaba muchísimo camino.
🏥 Gospic: cuando el cuerpo pide auxilio
Al llegar a Gospic, el reto ya no era pedalear, sino evitar una infección.
Rodilla, codo y hombro estaban abiertos.
El hospital croata fue un refugio inesperado:
heridas limpias, vendajes profesionales, antibióticos y vacuna antitetánica.
El doctor recomendó 48 horas de descanso.
Yo sabía que no iba a suceder.
🌄 Seguir, a pesar de todo
Con vendajes firmes y el cuerpo rígido, volví a rodar.
La estrategia cambió: fuerte de día, descanso de noche, aprovechando las madrugadas para recuperar.
La TransBalkan Race es técnica, brutal, interminable.
Un serrucho constante de subidas eternas, piedra suelta y descensos agresivos.
Pero también una sucesión infinita de territorios jamás explorados.
Bosnia fue un regalo duro y hermoso.
La bicicleta —mi ARC8 Evolve FS, “Bosnia”— fue una aliada perfecta.
🔥 Fiebre, mente y espíritu
En Livno, al retirar los vendajes, el infierno apareció.
Fiebre, ardor, incomodidad absoluta.
No dormí.
Cuatro duchas no bastaron para apagar el fuego.
Al día siguiente, rumbo a Mostar, tocó sacar la casta.
Cada metro recorrido drenaba energía física, pero llenaba el tanque espiritual.
El cansancio y la plenitud convivían en el mismo cuerpo.
🧠 La segunda mitad: resistir
Desde Mostar salí con un objetivo claro: llegar al CP2.
260 km y 7.000 m de desnivel después, lo logramos.
Luego vendría Montenegro.
Durmitor fue uno de los lugares más impresionantes que he pedaleado en mi vida.
Sufrimiento, sí.
Pero también juego, disfrute y conexión.
🌙 El último ataque
Desde Žabljak, decidí arriesgar:
un último empujón nocturno de 240 km y 5.000 m de desnivel para intentar terminar.
El frío fue brutal.
A medianoche apareció Christopher, un francés tan golpeado como yo.
A las 2 a.m., nos refugiamos en una zanja con mantas térmicas.
A las 4 a.m., el frío nos expulsó de vuelta a la bici.
🌅 Amanecer, camaradería y final
Pedaleamos juntos.
Sufrimos juntos.
Nos acompañamos.
El amanecer nos devolvió algo de calor y esperanza.
Los últimos 70 km fueron eternos.
Frío, calor, chaqueta, no chaqueta… una lucha mental constante.
Hasta que, desde lo alto, apareció la Bahía de Kotor.
❤️ Llegar
Descendí con el corazón lleno.
Allí estaba André.
El abrazo.
El amor.
La comprensión.
Había terminado.
Después de 184 horas, incontables batallas internas y externas, crucé territorios desconocidos y me enfrenté a mis demonios.
La TransBalkan Race no fue solo una carrera.
Fue una declaración de vida.
Volveré.
Las montañas Dináricas ya viven en mi corazón.
Gracias.


















































